sábado, 26 de abril de 2014

¿BUSCAS UN LIBRO PARA LEER?

CAMA PARA TRES, una novela con marcada temática sexual sin censuras ni prejuicios, con detalles a todo color, conjugando pelos, olores y sabores con un poco de humor, algo para reflexionar y un ambiente exótico por el lejano Egipto.
¿Te atreves?
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sábado, 19 de abril de 2014

NO ME GUSTA

  1. No me gusta el pimiento aunque me lo coma
  2. No me gusta el arroz caldoso ni la carne melosa
  3. No me gusta la sopa y todos los caldos calientes (infusiones, café, leche...)
  4. No me gusta el sabor amargo
  5. No me gusta nada ver a una mujer con las uñas de los pies pintadas
  6. No me gusta el maquillaje en una mujer ni sus uñas de las manos pintadas
  7. No me gusta ver a una mujer con bigote y con las axilas y las piernas peludas
  8. No me gusta que la gente tire basura y desperdicios donde no toca
  9. No me gusta la gente estirada que se cree más que los demás
  10. No me gustan las personas que quieren aparentar lo que no son
  11. No me gusta que me observen mientras escribo
  12. No me gustan quienes abusan de su posición de poder
  13. No me gusta la avaricia y la corrupción que mueve a muchas personas
  14. No me gusta el color negro
  15. No me gustan la gran mayoría de zapatos
  16. No me gusta vestir con traje
  17. No me gustan los calzoncillos tipo slip
  18. No me gustan aquellas personas movidas por el egoísmo, la maldad y los celos
  19. No me gusta que se manipule a las personas
  20. No me gusta ser tan peludo
  21. No me gustan quienes hacen uso de la fuerza bruta
  22. No me gusta que me digan dos veces lo que tengo que hacer
  23. No me gusta vivir para trabajar
  24. No me gusta oír llorar a un niño
  25. No me gusta el fanatismo religioso
  26. No me gustan quienes predican lo contrario a lo que hacen
  27. No me gusta la gente que habla mal de otros cuando no están
  28. No me gusta que me adulen ni que me hagan la pelota
  29. No me gusta que me hagan enfadar
  30. No me gusta que la gente se victimice a si misma
  31. No me gusta que me digan indirectas para hacerme ver algo
  32. No me gusta el fútbol
  33. No me gusta el jazz ni la ópera
  34. No me gustan los programas de cotilleos ni del corazón
  35. No me gusta salir en fotos
  36. No me gusta ver las carreras de coches o de motos en la televisión
  37. No me gusta tocar el claxon del coche
  38. No me gusta la cerveza ni otras bebidas alcohólicas
  39. No me gusta el tabaco y menos aún los puros
  40. No me gusta dejar mensajes en un contestador
  41. No me gusta tratar por teléfono con una máquina operadora
  42. No me gustan las casas recargadas de adornos y con muebles antiguos
  43. No me gustan las películas de miedo
  44. No me gustan los juegos de mesa
  45. No me gusta no hacer nada y aburrirme
  46. No me gusta la rutina
  47. No me gusta estancarme y no aprender o descubrir Cosas nuevas
  48. No me gusta desempeñar un mismo trabajo toda la vida
  49. No me gusta la impuntualidad
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jueves, 10 de abril de 2014

A CONCURSO

Estadísticamente hay más posibilidades de ganar un concurso literario que ganar la lotería. Existen notables diferencias: para ganar la lotería, hay que desembolsar una pequeña cantidad de dinero poco antes, sin mucho más esfuerzo y a cambio se pueden conseguir gran cantidad de millones, o si somos menos afortunados, también podemos ser ganadores de cualquiera de los otros premios menores, pero en este caso, siempre tendremos que competir junto a una enorme cantidad de aspirantes.
Por otro lado, si optamos por presentarnos a un concurso literario, deberemos dedicar mucho esfuerzo previo para la creación de una obra que presentar y los premios no serán tan considerables como los de la lotería. Además salvo ganador y finalista, no hay muchos más premios menores, pero en cambio, serán menos los aspirantes que los que arrastra la lotería.
De cualquier modo, todo se mueve por intereses y en ambos casos hay detrás un lucrativo negocio que genera beneficios para los organizadores. El premio económico sólo es un modo de ganar reconocimiento y atención.
Presentarse a un concurso es una buena forma de darse a conocer y poder destacar en una determinada materia. En nuestro país, ahora parece que también están de moda los concursos culinarios. Y uno se pregunta: ¿A qué se debe esta moda? Quizá con ello se pretende lo que en su día se pretendió al organizar los concursos literarios: incrementar el número de lectores, que obviamente se convierten en potenciales compradores de libros. En el caso de la cocina, viviendo en un país que mueve mucho turismo pero en el que no existe una importante cultura gastronómica popular, un concurso sirve para generar ese mayor interés, valoración y reconocimiento del trabajo realizado en la cocina, contribuyendo a crear unos consumidores más exigentes en este campo. Con lo cual, quienes no se adapten a las nuevas expectativas de estos consumidores “programados”, se irán quedando atrás. Como en todo cuanto atañe a la naturaleza humana, cuando son muchas las personas que quieren optar a algo y poco lo que hay para repartir, se generan nuevas formas de exclusión y esta bien puede ser una de ellas aunque en absoluto lo parezca.
Aún así, de vuelta a la literatura, presentarse a un concurso literario puede ofrecernos la posibilidad de darnos a conocer y arrancar una carrera literaria profesional. Quizá haya bastantes aspirantes y el jurado ya tenga una línea a seguir más o menos trazada, pero como en la lotería, siempre cabe la posibilidad de que a alguien le interese nuestro trabajo, que aunque no gane, nos pueda dar interesantes valoraciones o recomendaciones.
De las recomendaciones que he recibido, lo primero ha sido que dedicase mucho tiempo a leer y a escribir; que nunca tirase nada de lo escrito; que dejase reposar bien una obra antes de revisarla y poder presentarla a un concurso; que escribiese para revistas o periódicos o cualquier otro medio que pudiese ayudar a darme a conocer; y en el último concurso al que me presenté, también me dijeron que contratar a un corrector profesional para que revise nuestra obra, va a ayudar mucho para que sea elegida. Obviamente si nuestra economía es modesta, esta última acción, que sin duda será la que mejor acabado le dé a una novela, no siempre es del todo accesible. En una ocasión, hablando también con un reconocido autor que había ganado una edición anterior del mismo concurso, siendo jurado de la edición siguiente, me dijo que podía haber ganado cualquiera.
Así pues, por mi parte, con mis medios, he optado por presentarme especialmente a un concurso literario en particular. Sólo me queda acabar el trabajo que quiero presentar y esperar que salgan publicadas las bases.
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miércoles, 2 de abril de 2014

APASIONADO

Me considero una persona apasionada por todo aquello que hace. Y cuando me dedico con ganas a algo, trato de emplear todo mi tiempo disponible, interés y potencial en hacerlo. Así me sucede con cualquier actividad. Tengo que desear hacer algo para hacerlo bien. Como suelo decir, aunque a veces encontramos muchos obstáculos y falta de motivaciones, hay que ponerle tantas ganas a todos los menesteres de la vida que nos propongamos hacer como las ganas que le ponemos al sexo.
Recuerdo por ejemplo a quien me pedía un abrazo, un cumplido o un beso que yo no sentía interés o necesidad en dar. Podía hacerlo pero no quería y generalmente no lo hacía. Consideraba que para hacerlo sin sentirlo, mejor no hacerlo. Cuando ha llegado el momento de dar un abrazo, un cumplido o ese beso, porque así lo he sentido, no ha sido necesario pedírmelo. Lo he hecho sin más y con el corazón.
Así, escribir una novela en dos meses en mi caso no es sinónimo de un trabajo malo y apresurado, sino de esfuerzo, de constancia, de dedicación, de tener una idea bastante clara de lo que quiero escribir, de creer en el libro y de un verdadero disfrute escribiendo. Es por ello que cuando me he puesto a escribir un libro en el que se me ha suscitado gran interés, como en el caso de “Estima per a tres” (que también he traducido en la novela “Cama para tres”) soy capaz de hacerlo con buenos resultados y en un plazo breve de tiempo, porque disfruto haciéndolo y me empleo a fondo. Me gustaría que el lector se contagiase de la misma pasión y disfrute durante la lectura que yo he sentido con la escritura.
Obviamente todo se puede mejorar, pero en algún momento se ha de dar el trabajo por finalizado, porque siempre podría añadirle cambios y mejoras que harían que nunca acabase el libro.
Así pues: ¡Qué disfrutéis de la lectura!
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© Daniel Balaguer