viernes, 10 de abril de 2015

EL CAZADOR

Resulta curioso, pero hay temporadas en que las ideas no fluyen. Y por el contrario, otras veces son desbordantes. En estas situaciones, también tengo la sensación que todos los libros están escritos y yo sólo soy un cazador que coge las páginas al vuelo y las compila formando una u otra novela.
En mi caso, como persona aficionada a los emociones, esas páginas han sido escritas por los sentimientos, las vivencias, las preocupaciones, los miedos y dificultades de miles de personas. Y volando con las de muchos otros, también están las páginas que mis propios sentimientos y vivencias escriben, como las de todo el mundo, siempre con pequeños factores diferentes, pero al fin y al cabo, muy semejantes. Yo sólo tengo que hacerme con ellas y darles una determinada forma u orden.
Como cazador de esas páginas, debo decir que yo a veces hago trampas y también alimento un determinado e insignificante sentimiento que he podido atrapar al vuelo para que sirva de reclamo a muchos otros sentimientos. Entonces necesito forzar cuanto voy sintiendo para magnificarlos y así, vivirlos, creerlos y escribirlos. Es decir, a veces tengo que hacer míos esos sentimientos. Pero esto no resulta tarea fácil. También se debe decir que a veces esas páginas están ya experimentadas y no se dejan cazar con facilidad. Además, como no podía ser de otra manera, en esta tarea de caza, siempre se escapa algún perdigón que acaba hiriendo a los del alrededor. Quizá sólo se trata de algún extraño estado creativo, en el que entran en juego también los factores que conforman mi particular personalidad.
Sea como sea, para mí la tarea de escribir comporta cierto análisis sobre el ser humano, porque como ya he referido en anteriores ocasiones, aunque escribo por puro placer propio, como reto personal o ejercicio mental, me gusta escribir no sólo para el disfrute ajeno, sino también para inducir a la reflexión.

Ahora se ha abierto la veda.

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© Daniel Balaguer