martes, 30 de junio de 2015

EL LENGUAJE

En mis escritos no pretendo hacer alarde de ser una persona culta e intelectual, porque en realidad no lo soy. Tampoco busco que se ponga de manifiesto el buen uso o dominio de un determinado lenguaje que me haga quedar como culto o un erudito que tiene más razón que otra persona que se exprese peor o que haga más relevante la posible ignorancia de quienes no saben hacerlo mejor.
Así pues, con la mayor corrección que me resulta posible, intento siempre elegir las palabras más próximas al uso coloquial, a las que realmente utilizamos en la calle, en nuestro lenguaje oral, porque creo que así es más fácil llegar a la gente o conseguir ser entendido, labor que no siempre resulta fácil. A día de hoy, sigue siendo prácticamente un misterio llegar a expresarse bien y a comprenderse los unos a los otros, sin malas interpretaciones. ¡Como para querer complicarlo!
El lenguaje es lo que nos diferencia de los animales. Es tal su poder que nos permite cambiar el entorno sin mover más músculo que la lengua. Con lanzar una idea, hacer una petición o dar una orden, podemos lograr que se haga una determinada acción. Eso sí, siempre dependerá de cómo sea la relación entre las personas que se comunican, porque después entran en juego factores culturales, creencias, intereses o estados emocionales propios y tenemos como resultado que cada cual puede coger uno u otro mensaje.
He de decir que se me da mejor escribir en castellano, o al menos eso creo, aunque a veces el uso de otra lengua como el valenciano y las traducciones entre una y otra también me juegan malas pasadas, pero con la práctica también creo que voy mejorando en el uso del valenciano, que al fin y al cabo es la lengua que más utilizo en mi entorno cotidiano y familiar, con la que también me siento cómodo. De lo que he dejado a leer en esta lengua, he de decir que incluso gente de mi entorno que no habla ni lee en valenciano ha sido capaz de entender lo que les he pasado. Eso para mí ya constituye todo un importante logro.
También he recibido reproches por escribir en valenciano, porque otras personas no han sido capaces de entenderlo. Igualmente podría trasladarse a las personas que hablan chino, inglés y cualquier otro de los cientos de idiomas que pueblan el planeta. No me es posible abarcar tanto. Así pues, en la medida que me sea posible, trataré de hacerlo también en castellano, aunque las traducciones también comportan un esfuerzo adicional y conllevan un tiempo que a veces no tengo. Por el momento mi último trabajo está en valenciano y en castellano y mi anterior novela “Estima para tres”, escrita en valenciano, también cuenta con su correspondiente traducción al castellano con la obra “Cama para tres”, que ha sufrido un pequeño cambio únicamente en el título para hacerla “más atractiva” o comercial.

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© Daniel Balaguer