lunes, 16 de noviembre de 2015

APASIONADO



Buscando definiciones sobre la pasión, podemos encontrar que es una emoción manifestada como un sentimiento muy fuerte hacia una persona, tema, idea u objeto. Es una emoción intensa que engloba el entusiasmo o deseo por algo. El término también se aplica a menudo a un vivo interés o admiración por una propuesta, causa, actividad u otros. Igualmente encontramos que es la afición vehemente hacia algo o la inclinación muy fuerte de alguien hacia otra persona. En el primer caso, hace referencia a la necesidad de hacer algo porque existe una fuerza interna que mueve al individuo a hacerlo, sobre todo está vinculado con una vocación artística. En el segundo ejemplo, la pasión está más bien asociada al amor y a la atracción sexual. Dos personas apasionadas dejan de lado la racionalidad y se comportan de manera emocional. En otras palabras, la pasión es liderada por el corazón y no por el cerebro.
Atendiendo más o menos a estas definiciones, yo me considero una persona apasionada en casi todo lo que hago, pero aunque quizá sea movido por el corazón, también he de anotar que soy bastante cerebral. Me gusta mucho reflexionar, pensar, analizar todo tipo de situaciones, no obstante, en mi caso a menudo esto comporta tiempo y tranquilidad para hacerlo puesto que es donde mejores resultados se obtienen. En cambio, si no existe este tiempo para la reflexión, si es algo que a mi entender requiere una reacción inmediata, es cuando las palabras son atropelladas por mis nervios y quizá no me exprese de la mejor manera posible. Aquí he de anotar que mi timidez también hace que sea una persona poco decantada por la oratoria si no es un tema que conozca bastante bien.
Si rebuscamos un poco más entre las definiciones, también podemos encontrar otras con una connotación más negativa relacionada con el sufrimiento, pero aquí he de decir que este no es mi caso.
La mayoría de las personas, cuando hablan de ser apasionados se refieren al amor, al sexo, a la relación de pareja. Ser apasionados está emparentado al corazón, al alma. Y cuando decimos que a una relación le falta pasión, entendemos que esta empieza a marchitarse. Pero más allá de una relación de pareja, la pasión es algo muy importante en nuestras vidas. Sin apasionamiento los padres de las naciones no hubiesen hecho sus contribuciones. El arte no existiría, los poetas, escritores y literatos no nos hubieran legado sus maravillas. Historiadores y científicos no harían sus aportes a la humanidad.
Si eliminamos la pasión perdemos el disfrute de estar enamorados, la sensualidad y la voluptuosidad del sexo, el goce de la belleza, la satisfacción de hacer el bien, el agrado y el regocijo de crear, la dicha de luchar por la paz, la diversión, la ventura, la felicidad.
Para ser claros, a mi parecer tenemos que ponerle a todo cuanto hagamos en la vida tantas ganas o interés como podamos ponerle al sexo. Quizá haya momentos en los que el arrebato nos lleve a una rápida acción desenfrenada, pero disfrutaremos más dedicándole tiempo, sin prisas, con serenidad, pensando bien en lo que vamos a hacer o estamos llevando a cabo. Si por el contrario no ponemos ganas a cuanto vayamos a emprender, estaremos marchitos; nos perderemos el disfrute, no habrá ilusión y no saborearemos la satisfacción, el placer y la felicidad que produce hacer las cosas bien, con ganas, con ilusión.

Trayendo ahora algunas de las connotaciones negativas de la pasión, es importante saber que si excluimos la racionalidad, la pasión nos puede lleva al sufrimiento, al dolor, o peor aún, a veces nos arrastra a un lado oscuro de ella: a la lujuria, al crimen "pasional", a la desgracia y al infortunio.

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© Daniel Balaguer