lunes, 2 de noviembre de 2015

EL JUEGO: ANTECEDENTES

Nunca me han gustado los juegos de rol, es más, para una persona sumamente tímida e introvertida como yo, me disgustaba mucho participar en estas dinámicas que parece que son la única metodología conocida y utilizada en el campo del entrenamiento de habilidades sociales. No me han gustado porque en cierta medida obligan a hacer o comportarte de una manera que no sueles ser, aparte de tener que enfrentarte cara a cara con una o más personas. Además, en las dinámicas de rol generalmente tienes un tiempo muy corto para preparar tu representación y prácticamente todo se mueve en el ámbito de la improvisación, cosa que mis nervios y carácter tampoco han permitido que se me diese bien. ¡Y mira que por mucho que huía, a menudo he debido participar en ellas por mi trayectoria personal!
En cambio, con el teatro todo me resulta diferente. Me gusta. He participado como actor representando determinados personajes en algunas obras y he disfrutado mucho. También hay que decir que igualmente me ha ayudado a superar miedos y vergüenzas como el miedo escénico o la timidez, cosa que nunca han conseguido hacer las dinámicas de rol. Quizá me gusta más porque el teatro es mucho más rico y da más pie a la expresión y la caracterización. Todo está comedido y es ensayado antes. Hay unos personajes definidos, una acción, un escenario y un vestuario previamente preparados con más tiempo. Pero también pienso que tal vez se deja un poco de lado la creatividad y la improvisación, cosa que si tienen los juegos de rol.
Por otra parte, tampoco me han gustado nunca los juegos de mesa ni de azar. Me resulta sumamente aburrido estar sentado frente a una mesa pendiente de unas cartas, unas fichas, unos dados o cualquier otro elemento y me gustan menos aún si son juegos que duran bastante tiempo. Entonces nunca se me han dado bien, quizá porque tampoco he puesto interés o ganas. También soy enemigo de los juegos de azar porque pienso que a menudo hay demasiados intereses, engañifas o tramas alrededor y a veces nos ofrecen más ilusiones que otra cosa o productos que no responden demasiado bien a lo que creo que es el azar real.
Es más: tampoco he practicado nunca deporte o videojuego alguno, quizá porque en realidad nunca he encontrado uno que fuese de mi interés. No obstante esto, igualmente me he concedido la oportunidad de experimentarlo y ahora he tenido en cuenta todas estas otras posibilidades, sean de mi agrado o no, porque al fin y al cabo, a otras personas les gustan.
Entonces, combinando diferentes metodologías trasladadas al campo de la sexualidad; partiendo de esos momentos de desazón o insatisfacción en los que buscas o deseas cosas que no tienes; alimentado también por el deseo que te provoca lo que ves, lo que te gustaría probar o lo que escuchas de quienes están a tu alrededor en tu misma situación, he buscado la manera de conseguirlo mediante un juego, sencillo al mismo tiempo que complejo.
Así pues, he creado un juego diferente, mezcla del azar, el teatro, el rol y los juegos de mesa, con el que, además, practicar el deporte del sexo. Debo decir que yo jugaría, a pesar de que, al igual que mi pareja, tal vez también tendríamos nuestros propios límites o no nos meteríamos en determinados niveles, pero que al fin y al cabo se han incluido porque igualmente hay gente que tiene estas fantasías, las busca y las lleva a la práctica.
A partir de ahora, para mí y para todos vosotros los juegos ya no serán el que eran y entrarán en una nueva dimensión en la que pienso que a casi todos nos gustará más jugar y lo desearemos con ganas.

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© Daniel Balaguer