lunes, 30 de enero de 2017

CUENTO TERMINADO


Hace poco me inicié en la creación de cuentos infantiles ilustrados utilizando el ordenador. Aunque se me da bastante bien dibujar a mano, esta idea ya hace años que me había rondado por la cabeza e hice algunos parcos bocetos de cuentos probando con el ordenador. Pero estos quedaron aparcados hasta que habiendo perfeccionado mis habilidades informáticas gráficas y sirviéndome de recursos que ofrecen material pre elaborado como Freepik, en tan sólo aproximadamente 20 horas (5 días) creé mi primer cuento: “¡Un hormiguero!"
Quedé bastante satisfecho con el resultado final aunque se trataba de un cuento muy sencillo, sin gran argumento ni mensaje, pero me hizo pensar que yo también podría dibujar íntegramente un cuento que hacía tiempo me había inventado para mi hija. Lo cierto es que hace bastantes años que no dibujo gran cosa, pero nunca había hecho nada de esto con el ordenador y este me parecía un reto interesante. Y así lo hice. Me puse manos a la obra y tras unos tres meses de trabajo con una dedicación muy variable, lo doy por concluido. Estoy igualmente satisfecho con el resultado, pero muy orgulloso porque he sido capaz de dibujarlo en su totalidad: personajes, paisajes y demás elementos que componen cada una de las viñetas. Además de muchos detalles, también tiene un interesante mensaje que me parece necesario trasmitir a las nuevas generaciones.
Hoy voy a imprimirlo para registrarlo en la propiedad intelectual y dejarlo ver a algunas personas y niños para que me den su opinión antes de presentarlo a un concurso. Si eres de Alcoy o alrededores, ¿Quieres verlo y opinar? Ponte en contacto conmigo por medio del formulario de esta web personal o accede la encuesta en el siguiente ENLACE.
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lunes, 23 de enero de 2017

DESCONECTADO

Con 21 años tuve mi primer teléfono móvil y de eso hace ya casi otros tantos 21 años. Lo tuve más que nada como un capricho que me permitía el que por aquel entonces era mi primer trabajo oficial, pero lo cierto es que no era una persona a la que cualquiera necesitase localizar inmediatamente ni tampoco solía hacer muchas llamadas.
Muy pronto aprendí a conectar el ordenador al teléfono móvil y navegar con él por una Internet aún bastante imberbe, o por lo menos bastante diferente a como la conocemos hoy. También tuve una línea de fax móvil, principalmente porque quería saber cómo funcionaba y si era posible. Quitando de algunas personas de la élite empresarial, seguramente sería yo uno de los pocos don nadie que sabía y podía hacerlo. Poco tiempo después instalé una de las primeras líneas RDSI en mi habitación. Aquello me permitió hacer algunos cursos on-line. Después me mudé y sólo me conectaba a Internet con el ordenador a través del móvil. Con 1Gb tenía de sobra para publicar en mis bitácoras, consultar el correo y buscar algo de información en la red.
Ahora ya tengo fibra en casa y 2Gb de datos en el móvil. Con lo que me ofrece mi operador, con una modesta tarifa tengo mucho más que suficiente. Todo entra en el paquete ofertado, pero lo cierto es que yo no necesito tanto. Muchos se sorprenderían preguntándose qué se puede hacer con un ordenador sin Internet, pero para mí lo cierto es que mucho: escribir, dibujar, maquetar libros, hacer carteles y dípticos, editar vídeos... Quizá empecé muy pronto a estar conectado a la red y por esto me conecto prácticamente para lo mínimo, para documentarme sobre algo concreto, descargar el correo o publicar en mis bitácoras o hacer algún curso de mi interés, siempre tratando de hacer todo lo posible sin depender de la conexión a la red. Así pues, si alguien espera encontrarme entre las redes sociales o en el conocido y ampliamente utilizado programa para chatear desde el móvil, lamento informarle que soy una persona bastante desconectada de este mundillo. Me conecto únicamente de forma muy puntual cuando tengo una determinada tarea que llevar a cabo o una consulta que hacer en la web. La mayor parte del tiempo tengo los datos deshabilitados en el móvil y con mi ordenador personal, trabajo casi siempre desconectado de la red. De modo que si por casualidad a alguien le urge enviarme un mensaje, le informo que se olvide de los SMS, chats de mensajería instantánea, correos o redes sociales y me llame al móvil, que lo suelo llevar casi siempre encima, aunque eso sí, si estoy en el trabajo es posible que no lo conteste y fuera de este horario, lo pongo en silencio a mediodía y en modo avión por las noches. Así que como veis, soy una persona bastante desconectada de la red.
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lunes, 16 de enero de 2017

SEX AND ME

Ya he comentado en más de una ocasión los principales motivos por los que escribo novela erótica, que giran en torno a un reto personal con un concurso determinado del que igualmente he escrito en otras ocasiones, pero también he de decir que me gusta el sexo; disfruto con él aunque no siempre ha sido así.
Debo aclarar que nunca he sido una persona de esas que van de flor en flor o a la conquista de mujeres diversas por cuyos logros vanagloriarse después ante sus amigotes. Tampoco soy quién para dar lecciones de sexualidad ni una persona experimentada a la que le falten dedos en las manos para contar las parejas sexuales que haya tenido, pero soy una persona que me analizo a mí mismo, observo y escucho a los demás y siempre trato de superarme.
Siempre fui un chico tímido al que le apabullaba especialmente relacionarse con las chicas y además consideraba el sexo como un pecado, pasado del que ya estoy escribiendo en mi última novela. Pero con el tiempo y la vida en pareja, conseguí desprenderme de todo ese lastre ocasionado por mi carácter y las creencias de otros que me fueron inculcadas. Tal ha sido mi liberación en este sentido, que para mí en la sexualidad prácticamente no hay más límites que los que decidamos acotar en la vida conyugal. Me considero una persona de mentalidad muy abierta y tratándose del placer del sexo, todo tiene cabida, tanto, que incluso siento que es algo que trasciende más allá del cuerpo físico y de la mayoría de creencias y costumbres humanas.  Con esto percibo que soy una persona verdaderamente libre.
El sexo me parece algo fantástico, con lo que disfrutar, relajarse, aliviar tensiones, hacer ejercicio, experimentar, ser creativo y sentir el placer, pero sobre todo, lo mejor es compartirlo con la persona amada y poder experimentarlo con total confianza.
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lunes, 9 de enero de 2017

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA: LOCALIZACIÓN

Siguiendo con la planificación de nuestro proyecto, es el momento de definir el marco geográfico en el que va a llevarse a cabo. Este podría tener un ámbito local, comarcal, provincial, nacional e incluso internacional, pero es necesario tener en cuenta que cuanto mayor alcance queramos abarcar, igualmente será necesario contar con los recursos necesarios para ello. Aquí podemos estas más o menos limitados dependiendo la vía elegida para su publicación o la editorial con la que finalmente se haga.

Por ejemplo, en el caso concreto de escribir una novela, puede resultar un tanto complejo definir una localización, más allá del espacio en el que nos dedicaremos a su redacción, un concurso o editorial concreta a la que presentarla, porque el ámbito final como mínimo, según el alcance de la propia editorial con la que se trabaje, este puede ser autonómico en el caso de escribirla en una lengua como el catalán, el gallego o el vasco o nacional, únicamente partiendo del supuesto de que no llegue a ser un éxito tal en las ventas que implique una traducción a diferentes lenguas y por tanto un alcance internacional. En este caso, así como la editorial, la temática, el público al que vaya dirigida, si esta ha ganado o no un concurso literario, el prestigio o reconocimiento del autor, etc, el idioma elegido será un factor muy determinante para el alcance de la novela.
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lunes, 2 de enero de 2017

UN TIPO EN APUROS

No soy persona que me apure demasiado. Es más, podría suceder un terremoto a mí alrededor y aunque faltaría probarlo realmente y espero que Dios nos libre de ello, creo que sería muy capaz de conservar la calma. Prueba de ello es que durante años fui voluntario en una ONG y acudí a diferentes accidentes en carretera, algunos de ellos bastante espeluznantes, pero fui muy capaz de mantener la calma y compostura y hacer mi labor con los heridos. También he hecho alguna extracción de sangre y soy donante y no me asusta ver fluir la sangre. Tampoco me inmuté ante hechos como que casi me atropellan mientras cruzaba un paso de peatones o cuando me explotó un mechero que me lanzaron a la cara, o cuando con la bici se me dislocó una rodilla de manera imposible y tuve el valor de ponérmela yo mismo al sitio, ni cuando alguno de los pacientes con los que trabajamos se han puesto agresivos y hemos tenido que llamar a la policía.
Aunque soy tímido, paradójicamente tampoco me considero una persona vergonzosa ni que tenga mucho de lo que avergonzarme. También practico el naturismo por lo que la desnudez humana para mi es algo completamente natural y permisible, pero a veces las cosas más banales e insignificantes pueden hacer que perdamos la calma, la compostura o nos avergüencen enormemente. Así, a lo largo de estos últimos años, podría resumir unas situaciones en las que me sentí apurado, avergonzado o muy incomodado.
La primera de ellas fue con esa galería fotográfica que traen los teléfonos y que de un vistazo muestra el amplio contenido de fotos que almacena en su interior. Estaba en un cumpleaños infantil de la hija de unos amigos y el padre se había quedado sin batería para grabar y tomar algunas fotos. No dudé en prestarle mi teléfono, pero la sorpresa mía se produjo cuando al abrir la galería apareció la foto de una chica desnuda que alguno de mis graciosos contactos había enviado por una conocida aplicación de mensajería instantánea. He de aclarar que no utilizo el móvil para acceder a ese tipo de contenidos y además soy bastante cuidadoso con estos detalles y borro enseguida cualquier contenido multimedia que recibo o genero con mi móvil como fotos familiares y demás, pero aún no había revisado esto aquel día y allí estaba la dichosa foto. La aparición de aquella imagen en el entorno en el que estábamos era de lo más inadecuado y aunque sólo fueron unos segundos, no supe qué decir, qué hacer o dónde esconder la cabeza. Me sentí realmente avergonzado.
Otra situación en la que me sentí realmente incómodo fue al querer cambiar de operador de telefonía con el incremento que sufrieron las tarifas junto al aumento de servicios que yo no necesitaba y sigo sin necesitar. Otro operador me hizo una oferta mejor e inicié los trámites para el cambio de compañía con una única llamada. Poco después mi operador igualó la oferta y decidí mantenerme con él. Así pues, procedía la cancelación del trámite con el nuevo operador dentro del plazo y de la forma indicada, pero este, con el que aún no había tenido línea, instalación, tarjetas SIM ni terminal o equipo alguno reclamaba un incumplimiento de permanencia que incluso derivó en cartas, llamadas y mensajes de un despacho de abogados. Yo que siempre he sido una persona honrada me veía como un moroso indecente. Con la primera llamada y la carta que me llegó después me puse muy nervioso. Me sentía estafado pero a su vez etiquetado como un delincuente perseguido por la justicia. Quise ir a la oficina de atención al consumidor, pero cuando pedí cita para este tipo de incidencias, me dijeron que estaban saturados con hechos similares y debía tener paciencia. El siguiente paso fue acudir a nuestro abogado y le quitó importancia, diciendo que facilitase su teléfono  los abogados cuando me volviesen a llamar. Alguna vez lo hizo una locución telefónica automatizada o incluso seis meses después de los hechos sigo recibiendo algún mensaje reclamando la deuda. No he podido facilitarles el teléfono de nuestro abogado y aún sigo esperando que me llame una persona y no una máquina. Al principio todo esto me apuraba mucho, me quitaba el sueño, me generaba un nerviosismo desagradable, pero por suerte esta situación ya no me incomoda.
La última situación se produjo estas navidades pasadas. Fui a aparcar y de pronto sentí como si una rama se arrastrase por debajo del coche. Al comprobar de qué se trataba, vi el parachoques de un viejo coche delante del que estaba aparcando en el suelo. Mi coche dispone de sensor de aparcamiento y había distancia suficiente. Ignoro si había algún saliente del mismo con el que se enganchase mi coche al pasar o este ya se encontraba en el suelo y lo acabé de pisar. Nunca antes había tenido un incidente similar con el coche. No dudé en poner una nota facilitando mi teléfono y enganchando el parachoques dañado con un alambre para que al menos su propietario pudiese desplazarse. Tan pronto como pude, informé a mi compañía aseguradora, pero pasaron tres días y no recibí llamada alguna. La lluvia llegó y pasé para ver si se había movido el coche y allí seguía mi nota, junto a otra enganchada en el parabrisas. Finalmente la propietaria del vehículo afectado me llamó y me dio las gracias por haber dejado mi teléfono. Al parecer otra persona había dejado otro papel con la matrícula de mi vehículo, quizá pensando que yo no habría puesto mi verdadero teléfono y habría tratado de escabullirme. Cabe dar las gracias por esta muestra de ciudadanía, que ojala se diese más a menudo, porque la propietaria del vehículo dijo haber tenido incidentes similares y los autores de los daños no se manifestaron ni dejaron rastro alguno. Tampoco hubo testigos en esas otras situaciones que yo también he vivido. Podría haberme escabullido tratando de lavar mi conciencia pensando que estaba en paz al obrar del mismo modo que otros procedieron conmigo o con la señora en otras ocasiones, pero yo no soy así y no pude dormir tranquilo durante dos noches.
Hay pocas cosas con las que me apure o que me quiten el sueño, pero para mí, la tranquilidad no tiene precio. Por suerte, soy una persona que vivo y duermo con la conciencia tranquila y bien a gusto. Con orgullo puedo decir que son estas las nimiedades que mayor intranquilidad me han generado.
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© Daniel Balaguer