lunes, 2 de enero de 2017

UN TIPO EN APUROS

No soy persona que me apure demasiado. Es más, podría suceder un terremoto a mí alrededor y aunque faltaría probarlo realmente y espero que Dios nos libre de ello, creo que sería muy capaz de conservar la calma. Prueba de ello es que durante años fui voluntario en una ONG y acudí a diferentes accidentes en carretera, algunos de ellos bastante espeluznantes, pero fui muy capaz de mantener la calma y compostura y hacer mi labor con los heridos. También he hecho alguna extracción de sangre y soy donante y no me asusta ver fluir la sangre. Tampoco me inmuté ante hechos como que casi me atropellan mientras cruzaba un paso de peatones o cuando me explotó un mechero que me lanzaron a la cara, o cuando con la bici se me dislocó una rodilla de manera imposible y tuve el valor de ponérmela yo mismo al sitio, ni cuando alguno de los pacientes con los que trabajamos se han puesto agresivos y hemos tenido que llamar a la policía.
Aunque soy tímido, paradójicamente tampoco me considero una persona vergonzosa ni que tenga mucho de lo que avergonzarme. También practico el naturismo por lo que la desnudez humana para mi es algo completamente natural y permisible, pero a veces las cosas más banales e insignificantes pueden hacer que perdamos la calma, la compostura o nos avergüencen enormemente. Así, a lo largo de estos últimos años, podría resumir unas situaciones en las que me sentí apurado, avergonzado o muy incomodado.
La primera de ellas fue con esa galería fotográfica que traen los teléfonos y que de un vistazo muestra el amplio contenido de fotos que almacena en su interior. Estaba en un cumpleaños infantil de la hija de unos amigos y el padre se había quedado sin batería para grabar y tomar algunas fotos. No dudé en prestarle mi teléfono, pero la sorpresa mía se produjo cuando al abrir la galería apareció la foto de una chica desnuda que alguno de mis graciosos contactos había enviado por una conocida aplicación de mensajería instantánea. He de aclarar que no utilizo el móvil para acceder a ese tipo de contenidos y además soy bastante cuidadoso con estos detalles y borro enseguida cualquier contenido multimedia que recibo o genero con mi móvil como fotos familiares y demás, pero aún no había revisado esto aquel día y allí estaba la dichosa foto. La aparición de aquella imagen en el entorno en el que estábamos era de lo más inadecuado y aunque sólo fueron unos segundos, no supe qué decir, qué hacer o dónde esconder la cabeza. Me sentí realmente avergonzado.
Otra situación en la que me sentí realmente incómodo fue al querer cambiar de operador de telefonía con el incremento que sufrieron las tarifas junto al aumento de servicios que yo no necesitaba y sigo sin necesitar. Otro operador me hizo una oferta mejor e inicié los trámites para el cambio de compañía con una única llamada. Poco después mi operador igualó la oferta y decidí mantenerme con él. Así pues, procedía la cancelación del trámite con el nuevo operador dentro del plazo y de la forma indicada, pero este, con el que aún no había tenido línea, instalación, tarjetas SIM ni terminal o equipo alguno reclamaba un incumplimiento de permanencia que incluso derivó en cartas, llamadas y mensajes de un despacho de abogados. Yo que siempre he sido una persona honrada me veía como un moroso indecente. Con la primera llamada y la carta que me llegó después me puse muy nervioso. Me sentía estafado pero a su vez etiquetado como un delincuente perseguido por la justicia. Quise ir a la oficina de atención al consumidor, pero cuando pedí cita para este tipo de incidencias, me dijeron que estaban saturados con hechos similares y debía tener paciencia. El siguiente paso fue acudir a nuestro abogado y le quitó importancia, diciendo que facilitase su teléfono  los abogados cuando me volviesen a llamar. Alguna vez lo hizo una locución telefónica automatizada o incluso seis meses después de los hechos sigo recibiendo algún mensaje reclamando la deuda. No he podido facilitarles el teléfono de nuestro abogado y aún sigo esperando que me llame una persona y no una máquina. Al principio todo esto me apuraba mucho, me quitaba el sueño, me generaba un nerviosismo desagradable, pero por suerte esta situación ya no me incomoda.
La última situación se produjo estas navidades pasadas. Fui a aparcar y de pronto sentí como si una rama se arrastrase por debajo del coche. Al comprobar de qué se trataba, vi el parachoques de un viejo coche delante del que estaba aparcando en el suelo. Mi coche dispone de sensor de aparcamiento y había distancia suficiente. Ignoro si había algún saliente del mismo con el que se enganchase mi coche al pasar o este ya se encontraba en el suelo y lo acabé de pisar. Nunca antes había tenido un incidente similar con el coche. No dudé en poner una nota facilitando mi teléfono y enganchando el parachoques dañado con un alambre para que al menos su propietario pudiese desplazarse. Tan pronto como pude, informé a mi compañía aseguradora, pero pasaron tres días y no recibí llamada alguna. La lluvia llegó y pasé para ver si se había movido el coche y allí seguía mi nota, junto a otra enganchada en el parabrisas. Finalmente la propietaria del vehículo afectado me llamó y me dio las gracias por haber dejado mi teléfono. Al parecer otra persona había dejado otro papel con la matrícula de mi vehículo, quizá pensando que yo no habría puesto mi verdadero teléfono y habría tratado de escabullirme. Cabe dar las gracias por esta muestra de ciudadanía, que ojala se diese más a menudo, porque la propietaria del vehículo dijo haber tenido incidentes similares y los autores de los daños no se manifestaron ni dejaron rastro alguno. Tampoco hubo testigos en esas otras situaciones que yo también he vivido. Podría haberme escabullido tratando de lavar mi conciencia pensando que estaba en paz al obrar del mismo modo que otros procedieron conmigo o con la señora en otras ocasiones, pero yo no soy así y no pude dormir tranquilo durante dos noches.
Hay pocas cosas con las que me apure o que me quiten el sueño, pero para mí, la tranquilidad no tiene precio. Por suerte, soy una persona que vivo y duermo con la conciencia tranquila y bien a gusto. Con orgullo puedo decir que son estas las nimiedades que mayor intranquilidad me han generado.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

© Daniel Balaguer