El negocio de la salud

Ilustración sobre el negocio de la salud y el gasto sanitario

Hace tiempo que voy arrastrando algunos problemas de salud. Se nota el hecho de haber cruzado la barrera de los cincuenta. Poco a poco vas perdiendo algo de vista, los kilos cuestan más de quitar, aparecen dolores repentinos por aquí y por allá, llevas algún implante dental, cuando te agachas para abrocharte los cordones de los zapatos notas esa pérdida de elasticidad... En fin, son cosas que cuando tenía dieciocho años no pasaban y parece que, a partir de aquí, nada va a mejorar en tema de salud.

Puedes hacer ejercicio y cuidar la alimentación, aunque aun así siempre hay algún factor que escapa a nuestro control y la edad juega ya en nuestra contra. El cuerpo no se recupera ni se regenera igual y pueden aparecer problemas de salud que incluso requieren intervención quirúrgica.

Con todo esto, unos días atrás salí de una operación, de esas que requieren anestesia general. El problema empezó a manifestarse allá por el 2019 y con el tiempo se fue agravando. Lo que eran unas semanas de dolor y molestias más o menos pasajeras volvía a repetirse al año siguiente con mayor duración e intensidad. Fui pasando por una gran cantidad de médicos, de la sanidad pública y de la privada, y te das cuenta de la ingente suma de dinero que se mueve alrededor de la salud: consultas, intervenciones, fármacos... El gasto en salud, que hasta hace algunos años no existía, se va incrementando en la economía del hogar: dentistas, fisios, oculistas, medicinas...

El año pasado, un cirujano de la sanidad pública descartó la operación por su delicadeza y para evitar posibles complicaciones. Poco después, el problema volvió a manifestarse y se repitieron las visitas a urgencias, al médico de cabecera, otra vez la búsqueda de consultas privadas... Y el episodio se fue prolongando mucho más. Nada calmaba el dolor ni las molestias. Parecía que no había más solución que pasar por la cirugía.

Esta intervención quirúrgica, si no surgían posteriores complicaciones, ascendía a casi tres mil euros. Bueno, podría ser un coste más o menos asumible para mi economía. Quedaba la opción de esperar el avance de las listas de espera de la sanidad pública. Los meses pasaban y las molestias no remitían, algo que me extrañaba mucho. Parecía que mi cuerpo ya no podía con aquello.

Ante problemas como este, te das cuenta de que las partes en apariencia más escondidas del cuerpo, y de las que menos se habla, forman parte de ese "todo" que es el ser humano; si no van bien, se rompe el equilibrio que afecta de lleno a llevar una vida feliz y poder seguir adelante con tus proyectos y propósitos. Creo que a nadie le gusta estar enfermo, sentir dolor o simplemente ir perdiendo poco a poco la vista o el oído. Y alrededor de la salud se ve que hay un gran negocio. Quizá, por poner un ejemplo sencillo, podemos comprobar cómo unas gafas, que son unos meros cristales, pueden incrementar su precio de venta en un trescientos por cien respecto a lo que cuesta su fabricación. Con esto podemos ver que el afán de lucro no tiene fin para el ser humano, aun a costa de los demás. Bueno, si te lo puedes permitir, es como el que se quiere gastar mil quinientos euros en un teléfono solo por estatus, pero ¿y si no está a su alcance?

Y si te pones a ver tu nómina, cuánto te retienen, cuánto paga la empresa por ti, los impuestos que vas pagando por todos lados... Eres una mera vaca para la central lechera del gobierno. Pienso que la salud debe ser un derecho y no una forma de hacer negocio.

Y mientras espero poder ir recuperándome pronto, algunos de mis proyectos siguen aparcados.

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