lunes, 22 de mayo de 2017

COMPATIBILIDADES

Últimamente he estado realizando mayor actividad física. Para dedicar tiempo a estas acciones, no me ha quedado otra que sacrificar buena parte del horario que dedico a escribir, dibujar o estudiar. Madrugo para hacer deporte y con esta actividad empiezo el día mucho más a gusto y relajado antes de ir a trabajar. También me siento más a gusto y me alegra verme en forma, pero al final del día, me invade un cansancio que no sentía desde hace tiempo. Es por ello que la mayoría de los días me suelo acostar agotado y no me quedan fuerzas para enchufar el ordenador más que para hacer algunos pequeños encargos puntuales que no suponen gran esfuerzo ni dedicación. Así pues, me está costando mucho dedicar tiempo a mantener mi bitácora personal, las de cocina y otra de una de mis novelas.
Por otro lado, es muy previsible que próximamente vuelva a ponerme a estudiar, con lo cual, con total seguridad no me quedará otra que prescindir del tiempo que dedico a mis bitácoras para dedicarlo más específicamente al estudio. Lo mismo pasará con mis novelas o cuentos que tengo entre manos.  Así que visto lo visto, no parece muy compatible dedicar tiempo a la actividad física y a la actividad mental. Quizá sea sólo una etapa a la que deba acostumbrarme, pero lo cierto es que me siento físicamente cansado y tal vez se sume algo de desmotivación, así que es previsible que me tome unas largas vacaciones literarias y deje de hacer mis publicaciones habituales.

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lunes, 8 de mayo de 2017

EN FORMA

Dicen que redondo también es una forma y lo cierto es que hasta hace poco estaba empezando a coger cierta forma de albóndiga o bombona de butano, como quiera llamarse. Nunca había pesado tanto aunque a veces me había aproximado. He de decir que soy una persona bastante activa. Camino diariamente un mínimo de cuarenta minutos, también suelo hacer excursiones, algo de padel o squash, patinar o ir en bici, pero aún así, tiendo a engordar porque soy muy goloso y comilón. De una sentada, me puedo comer tranquilamente una tableta de turrón o chocolate y/o una tarrina de helado de 800gr sin inmutarme. Disfruto comiendo, sintiendo la boca llena y también experimentando en la cocina y probando siempre recetas nuevas. Y claro, sumando, sumando… Llega uno a preguntarse porqué no le caben los pantalones. Por suerte suelo coger peso igual de rápido que lo pierdo, pero últimamente he cogido más que perderlo.
También ha influido enormemente en mi estilo de vida la paternidad. Ante salía todos los fines de semana a hacer una rutas senderistas o en bici bastante intensas pero tras el nacimiento de mis hijos, toda esta actividad ha quedado reducida a visitas a parques y leves paseos en bicicleta con sillita y bebé a bordo. También porque así lo he querido, dado que podría haber seguido quedando con la gente con la que iba antes pero prefería estar con mi familia. De vez en cuando también he enganchado un remolque a la bici, y con los dos peques dentro, hemos hecho alguna ruta mayor, pero no han sido muchas ni ha habido constancia.
Y un día, de pronto, viendo que mi mujer empezaba a hacer rutinas diarias en bici o a pie tempranito, antes de que los peques se levantasen para ir al cole o después de dejarlos, decidí sumarme a la iniciativa, pero claro, no disfruto tanto con el ejercicio como comiendo. No me cuesta madrugar para escribir o estudiar, pero madrugar para hacer ejercicio, es otra cosa. Alguna temporada lo he hecho para hacer una tabla de ejercicios, pero con el tiempo, mi constancia para este menester decae.
Con la llegada del veranito, decidí sacarle algo más de jugo a esa bicicleta que me compré hace cuatro años y que salvo con la sillita o el carro, poco más he utilizado. Para tratar de lograr la constancia con el ejercicio, me busqué a un amigo que vive cerca de casa para salir por las mañanas antes de ir a trabajar. Hasta hace unos años contaba con gente para salir los fines de semana, pero me he ido desconectando tanto del mundillo, que ahora no conozco a nadie más con quien salir con la bici y menos aún en este horario. Mirando atrás, me doy cuenta de que ya hace siete años que no practico el “mountainbike”.
Tener a alguien con quien ir hace las salidas más amenas, se combate la pereza y también da mayor seguridad. Pero en poco más de una semana, me volví a quedar solo porque este amigo sufrió una lesión. Lo cierto es que yo siempre he hecho rutas de montaña en bici acompañado porque me he metido por unos sitios por los que es mejor no ir solo por si pasa algo y menos a mi edad, pero bueno, por el momento trato de seguir siendo constante y aún así estoy saliendo aunque sea solo.
He disfrutado mucho redescubriendo la montaña, el amanecer, los animales que surgen a mi paso. En menos de un mes, he llegado al peso que tenía antes de tener pareja y ser padre y tras el ejercicio me invade una sensación de bienestar y tranquilidad que me gusta. Me siento bien; me veo bien y esto me motiva a continuar levantándome temprano un día tras otro para coger la bici. Poco a poco voy reencontrando esa forma física que tenía antes con ella. También me agencié una pulsera de actividad y una aplicación con la que registrarlo todo con el móvil y lo cierto es que dotar al ejercicio de este componente tecnológico que tanto me gusta también contribuye a alimentar mi motivación.
Pero claro, al aumentar mi actividad física y madrugar un poco para dedicarme a esta actividad, ahora mismo me quedan pocas ganas para estudiar o escribir. Además ha bajado mi motivación para hacerlo. Me gustaría poder compaginarlo todo, pero por el momento estoy bastante concentrado en eso de “coger forma”. Quién sabe si es mi manera de afrontar la llamada crisis de los 40 y los achaques que empiezan a mostrarse por este cuerpo que ahora necesita de mayores cuidados y atención.
Dejemos pasar un poco de tiempo a ver cómo queda todo esto y si encuentro las ganas y la manera de organizarme mejor.
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lunes, 24 de abril de 2017

PARADA TÉCNICA

Hace unos días me llegó por correo electrónico la convocatoria del 23 PREMI DE LITERATURA ERÒTICA LA VALL D'ALBAIDA, un concurso al que me he presentado en distintas ocasiones desde que por primera vez en 1997 llegara a mí una de sus convocatorias iniciales. Este concurso ha sido el motor de mis primeras novelas y con las últimas ediciones, he esperado sus bases con ansia para presentar un nuevo trabajo. Hasta la hace poco presentarme ha sido uno de mis mejores retos y motivaciones literarias. Así, en los últimos años he creado cinco obras diferentes y estoy trabajando en otra nueva novela.
Como ya he dicho en alguna ocasión, no soy un novelista de ficción, de novela negra, de terror… A mi me gusta escribir sobre la vida, sobre las motivaciones y preocupaciones humanas, sus inquietudes, anhelos, temores, insatisfacciones, puntos de vista, etc. Con lo que llegar a una reflexión individual interior. Y para escribir de todo esto, me baso y documento sobre la propia vida y la de cuantos se han cruzado en la mía. Aquí entran vivencias y pensamientos personales y otros ajenos que han sido compartidos conmigo. Un breve reflejo de ello es cuanto comparto en esta bitácora personal, porque lo cierto es que profundizo mucho más en mis novelas. Pero al parecer, esto no siempre resulta del agrado de todo el mundo y aunque es una de mis máximas no poner nombres que identifiquen personas o lugares, algún lector se ha sentido identificado y molesto con mis escritos. ¿Por qué será? Eso queda ya en manos de cada cual y tampoco es algo que me quite el sueño, aunque me resulta triste que ni yo mismo pueda escribir de mi propia vida o sobre lo que pueda pensar. Quizá también quepa aclarar que no escribo nada que no haya comentado con cualquier otra persona de forma cotidiana. Y aquí me resulta curioso percibir que personas que podrían ser consideradas progresistas o “modernas”, son las que siguen teniendo más tabús o prejuicios. Llegado a este punto, dado que igual lo leen, aprovecho para indicarles que me preocupa un poco que no tengan el valor de comentarlo conmigo, lo comenten con terceros o se sirvan de intermediarios, quizá inintencionadamente.
Así pues, dado que mi actual novela contiene esos elementos propios de mi vida personal y la de otros, no de forma literal y exacta, sino como siempre basada en ella pero mezclada de determinada manera para crear situaciones y personajes concretos cuyo parecido con la realidad no deja de ser una mera coincidencia, se encuentra en espera de lectura por la censura y su posterior aprobación o desaprobación. Esta primera lectora no está muy puesta a ello y veo que esto va a demorarse mucho, pero es lo que hay. De momento, antes de continuar con ella, voy a realizar una parada técnica en la escritura de esta última novela a la espera de un veredicto. Obviamente esto es algo que ha quitado mi motivación e ilusión por presentarme este año. Y quien sabe, si después de tantos intentos este no pudiera ser el que me diese el galardón que de alguna manera voy persiguiendo paciente y constantemente desde hace algunos años. Mientras tanto, como soy persona a la que la inactividad le corroe, aprovecho para estudiar, dibujar o hacer cualquier otra tarea que me mantenga activo e ilusionado.
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lunes, 17 de abril de 2017

Un tipo bajito

Resulta bastante curioso ver que todo el mundo me percibe como una persona bajita cuando en realidad sólo mido un centímetro menos que mi mujer, que mide 1,71. Evidentemente, si metro alguno, con una diferencia de altura de un centímetro, a ella todos la ven como una persona muy alta. Eso mismo me pasó cuando un vendedor trajo una talla “S” para mi bici y otro elijió para ella una “M”. Si nos ponemos a comparar, los dos utilizamos la misma talla de calzado, yo una talla de jerséi más grande y alguna talla de pantalón más pequeña. Pero eso no parece ser significante. A su alrededor brilla un aura de altura y yo soy bajito.
No es que sea para mirar a todo el mundo con la cabeza hacia abajo por tan gran altura, ni yo me veo en la necesidad de mirar a todo el munco hacia arriba para verles la cara. También tuve una compañera que decía sacarme un palmo, cuando no creo que pasase de 1,72. Para este efecto óptico de altura, quizá deberíamos tener en cuenta el ancho. Un trozo de espagueti al lado de una albóndiga parece más alto aunque su altura sea la misma. Quizá los demás se ven a sí mismos como ese trozo de espagueti: Se ven a sí mismos altos y delgados y todos los demás les parecen albóndigas. No es que yo esté redondo como una albóndiga pero tengo unos hombros y un pecho anchos, además de unos huesos propios de un animal de tiro, que en su comjunto, hacen que mi altura sea considerable como “de talla baja”.
Mi altura, la verdad, no me preocupa lo más mínimo. Ese tipo de comentarios lo cierto es que tampoco me hacen sentir acomplejado. Es más, permiten ver la delicadeza de la gente al hablar, que es más bien poca. Para suavizarlo, a menudo utilizamos diminutivos: “bajito”, “gordito”, “flaquito”. ¿Será necesario hacer este tipo de comentarios si percibimos que el otro ha engordado o es algo más bajo? ¿Es necesario compararnos tanto? Quizá mientras sólo nos quedemos con la fachada de las personas, así nos va.
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© Daniel Balaguer