La publicidad, un negocio sin escrúpulos

Reflexión sobre la publicidad engañosa y el comercio digital

Se dice que la publicidad sin escrúpulos es aquella que engloba todas las prácticas comerciales deshonestas que manipulan, engañan o presionan al consumidor, vulnerando la ética y la legalidad. Como todo gran negocio millonario, a menudo campa a sus anchas por encima de la ley o escapando entre sus recovecos y la falta de vigilancia. Aunque esto va más allá. Para empezar, podemos poner un ejemplo sencillo de su falta de ética: se cobra a las empresas por anunciarse en las plataformas digitales y a las personas usuarias de estas se les cobra igualmente por no ver la publicidad. De este modo, "la banca nunca pierde". Es un negocio redondo.

Por poner otro ejemplo más cercano de las prácticas publicitarias, recientemente vi unas zapatillas anunciadas en una red social de la marca CastellMadrid. Me gustaron y visité la web. Parecía una buena página española, muy cuidada, elegante, ubicada en la capital del país y con buenas reseñas de clientes. Se indicaba que eran muy cómodas y ligeras, y que muchos clientes repetían con su compra. Una vez visitado el anuncio, su aparición se fue repitiendo en días sucesivos. El precio de las zapatillas era de 99,95 € y estaban rebajadas en campaña de verano a 49,95 €. Finalmente me animé y las pedí. Unos cuantos días después, me llegó al correo el número de seguimiento del pedido con el nombre de la compañía de mensajería: era china. Me extrañó este detalle, así que, ya con el temor del engaño, hice una captura de pantalla de las zapatillas de la web española y las busqué en una conocida plataforma china de comercio. Las encontré por 17,99 €. Me sentí muy engañado. Obviamente, toda la buena reputación y credibilidad que pudiese suscitar su web y su marca desapareció.

Mientras tanto, tras casi dos semanas, las recibí. No abri siquiera el paquete y contacté con elos para proceder a su devolución, que como ponía en la web, era de 30 días. Una nueva sorpresa me llegó cuando tras contactar con ellos me enviaron un formulario de devolución indicando que yo tenía que hacerme cargo de los costes de devolución del producto a una dirección de China. Obviamente, estas condiciones no aparecen en los titulares de la página y después de estos hechos, es cuando te pones a rebuscar en su letra pequeña. Muy hábiles. Ahora solo me queda el consuelo de escribir mi reseña en todos los lados posibles.

Si la falta de ética puede considerarse una seña de identidad de muchos seres humanos, ahora, con el uso de la inteligencia artificial, cualquiera tiene al alcance la posibilidad de diseñar una gran web: crear imágenes de personas simulando ser clientes con sus reseñas, e incluso vídeos de otras personas hablando de las bondades de su producto. Aunque lo parezca, ya nada es real. Aumentan mucho la capacidad y las posibilidades de engaño, todo para vender y lucrarse con ello.

El hecho de enmascarar los precios parece ser una práctica muy habitual. Grandes cadenas de hipermercados o comercios utilizan como reclamo un precio anterior tachado junto al nuevo precio rebajado. Como se decía, nadie da duros a cuatro pesetas y el precio de venta nunca suele ser inferior al de coste, salvo que los beneficios generales permitan asumir ventas a pérdida para liberar espacio en el almacén. Los comercios siempre buscan mantener su margen; si no, el negocio iría a la quiebra. Analizando la diferencia entre el precio de las zapatillas en origen y el de esta supuesta tienda española, queda al descubierto la magnitud de ese margen.

Sí, algunas personas suelen saber estas cosas, pero con la publicidad y el uso de la IA, las posibilidades del engaño son cada vez mayores y una buena parte de los consumidores quedamos a merced de estas prácticas deshonestas, sin mucha protección frente a ellas.

Al final, esta espiral de escaparates virtuales impecables pero vacíos de ética nos aboca a una hipervigilancia agotadora. Comprar por Internet se convierte en un campo de minas donde hay que investigar cada imagen y comparar proveedores en varios continentes antes de pulsar un botón. Ahora más que nunca, el comercio de cercanía y la transparencia dejan de ser una opción tradicional para convertirse en un verdadero lujo.

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