sábado, 30 de noviembre de 2019

TIEMPOS MUSICALES

Me gusta la música sin ser un entendido en la materia, ni tampoco decirse que tenga un buen sentido del ritmo. No tengo especial interés por artista o tipo de música alguno, y lo cierto es que en la actualidad tampoco suelo dedicar mucho tiempo a escuchar música, pero cuando la oigo, bien por la radio o en una película, a menudo la siento en forma de un movimiento que recorre mi cuerpo.
Como ya escribí en otra entrada, hace unos años, también era capaz de sentirla de una forma bastante particular en las discotecas. Así, era capaz de moverme completamente a merced de sus ritmos, hasta tal punto, que incluso cualquier baile de gogó quedaba eclipsado con mis movimientos en la pista, rodeado por la multitud. Algún DJ llegó a notarlo y vio que tenía poder sobre mi para hacer un determinado movimiento, por ejemplo, haciendo sonar una sirena, bajar el volumen o ralentizar el ritmo, factores que provocaban en mí ciertas reacciones.
Mis amigos, por aquel entonces me llamaban “el robot” y me llevaban a todas partes porque al parecer formaba un espectáculo digno de ver y del que servirse para entablar conversaciones y conocer a otras personas. Yo sólo me limitaba a bailar como si entrase en trance con ello.
Pero eso forma parte del pasado, aunque sigo llamado al movimiento en el fondo de mi ser. Ha habido temporadas que he podido escuchar muchas canciones que no han acabado de trasmitirme nada y en otras épocas de mi vida, he podido sentir la verdadera dimensión de la letra de alguna de estas mismas canciones.
Si ahora hay algún momento que puedo dedicar a escuchar música, se debe a que a mis hijos les gusta y también disfrutan mucho bailando. Así, podría decir que suelo hacerlo en el coche, mientras me dedico a las tareas domésticas o a modo de juego con mis hijos, con los que me sumo al baile y evoco el pasado.
A estas pinceladas musicales, se suma la voz de mi mujer, que me estremece y emociona en lo más profundo de mi ser en las pocas ocasiones que ahora la oigo cantar. Ella antes cantaba en algún grupo y yo disfrutaba mucho oyéndola, siendo un fan entre el público en cualquiera de los pequeños conciertos que organizaban.
Ahora, el trabajo, la crianza, la fatiga, la edad… Acaban siendo todos esos factores que limitan mi tiempo para escribir al igual que el de mi mujer para cantar.
Quiero movimiento, necesito sentir esa música incitando mi cuerpo a moverse. Me gustaría oír cantar a mi mujer. Quiero retomar la escritura o dibujar algún otro cuento para mis hijos. Parece que como en diferentes etapas de mi vida, me falta encontrar esa chispa, esa ilusión que despierte nuevamente mi pasión por estas artes.

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© Daniel Balaguer