viernes, 13 de diciembre de 2019

VOCACIÓN FRUSTRADA

Hace ya muchos, muchos años que trabajo en el ámbito social y he de decir que me gusta hacerlo, y que no hay nada como trabajar en aquello que realmente te gusta. Hace relativamente poco, por circunstancias diversas en mi vida tuve que retomar el trabajo en una fábrica del sector metalúrgico, en el que ya había trabajado antes siguiendo caminos trazados por la familia. Aunque ese sector no me desagradaba, recuerdo que hace poco salí un día de la fábrica y por casualidades o no del destino, me invadió una extraña sensación de libertad por haber dejado momentáneamente atrás el taller. Por otro lado, casi a la par, tras haber acabado de realizar unas acciones de voluntariado en una ONG, sin parar a almorzar y sin haber tenido apenas tiempo para comer, salí con una agradable sensación de bienestar y plenitud que me sorprendió al poder comparar en un breve espacio de tiempo estas dos sensaciones tan opuestas.
Esto me llevó a decantarme a pensar que debo proseguir mis andaduras por el sector social, aunque existe otro ámbito de mi interés como es la informática, que puedo decir que me ha acompañado durante ya más de veinte años, habiendo aprendido mucho por mi cuenta y necesidades del trabajo que he ido desarrollando en el mundo social. Sé ensamblar ordenadores, instalar sistemas operativos, conectarlos en red, hacer páginas web, diseño gráfico, ilustraciones y maquetado de libros, crear formularios, bases de datos, herramientas de evaluación, e incluso cuadernillos de test psicológicos.
Este año, tras haber pasado a las filas del desempleo y acabar unos estudios sociales, mientras salía o no algún trabajo de lo que hasta el momento podría considerar "lo mío", a la vez que trabajaba en una fábrica, quise profesionalizarme en este otro campo con tantas salidas profesionales y en el que tantos conocimientos he ido cultivando por mí mismo a lo largo de muchos años. He de anotar que la informática también cuadra bastante con mi forma de ser algo introvertida, metódica y reservada capaz de dedicarse ciegamente a pasar horas y más horas absorto mientras trasteo con un ordenador y supero las dificultades o retos que me puedan ir surgiendo en un campo que para mí no tiene fin y no para de cambiar y evolucionar. Quizá de ahí se deba también el atractivo que suscita para mí.
Así, cursé la preinscripción para formarme como informático a la vez que en el fondo de mi ser me planteaba si quería empalmar unos estudios con otros y si podría llevar bien el trabajo en una fábrica, con la vida familiar y las tareas del hogar con unos estudios bastante más complejos que requerirían mucha mayor dedicación que los anteriores, acompañados de la rama matemática que no es precisamente plato de mi agrado. Nuevamente, por cambios laborales posteriores, estudiar algo más profesional relacionado con la informática parece haber quedado relegado para otro momento de mi vida.
Me queda el consuelo de creer que quizá pasar a una versión más pura y profesional del mundo informático, pueda perder parte del encanto, curiosidad e interés que me ha despertado siempre y no sea como parece, pero mientras no sea así, puedo seguir pensando en ella como otra posible profesión en la que en un futuro pueda desarrollarme y crecer como persona, aunque vayan pesando sobre mí el paso de los años en este mundo tan competitivo. Aún así, espero que siga a mi lado como ese compañero fiel, que ofrece su apoyo y compañía y que juntos podamos llegar bien lejos.

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© Daniel Balaguer