jueves, 2 de abril de 2020

HUMILDE, SERVICIAL Y TRABAJADOR

Que me considere una persona muy trabajadora es algo que ya he dicho en alguna ocasión y quienes me han conocido bien, así pueden corroborarlo. Ello no quiere decir que sea de los que se pasan la vida trabajando, pero admito que me gusta trabajar, y más en el ámbito social, hasta el punto que incluso puedo decir que daría mi vida por ello.
Dentro de este campo, nunca me ha importado hacer tareas que estuviesen fuera de mis funciones, tanto por encima como por debajo de mi puesto y siempre las he desempeñado de buen grado poniendo lo mejor de mí, sin esperar ni tan siquiera una palmadita en la espalda. Lo hago porque quiero, me apetece, me gusta ser útil, productivo, aprender y porque soy exigente conmigo mismo. Así he cortado el pelo a otras personas, he pintado paredes, he limpiado culos grandes, he desatascado baños, he colgado cuadros, he dirigido equipos de trabajo, he redactado proyectos, he levantado cocinas, he fregado platos… y he disfrutado haciendo cada una de estas actividades, con humor y tantas ganas como si por ejemplo, de comer chocolate o practicar sexo se tratase (perdón por los puristas).
También he de decir que soy una persona con ciertas convicciones fuertemente arraigadas e igualmente capaz de defenderlas hasta la muerte. Y aunque tenga una autoestima suficientemente alta, no soy de los que se regodean de sus virtudes, logros, estudios, posición social, ni me creo mejor que nadie. No necesito hacerlo. Está claro que escribo lo que me parece y pienso de mí, pero como toda persona, tengo mis cualidades y defectos. Obviamente debo decir que acabo soltando pedos, cagando y tirando de la cadena, todo ello tanto física como mentalmente, con lo cual no creo ser muy diferente de otras personas. Y si se tercia, puestos a cagar, también soy capaz de hacerlo en el campo con el culo al aire.
El hecho de ser muy trabajador, mostrar disponibilidad para hacer cualquier tarea que mis manos o intelecto puedan llevar a cabo, tratando de dar lo mejor de mí a las demás personas y la forma de hacerlo sin buscar méritos o ascensos, ni tan siquiera el reconocimiento de nadie, han hecho merecerme el respeto y la confianza de quienes mi persona y acciones les hayan resultado de utilidad. Esto curiosamente me ha llegado a "empoderar", (utilizando palabras de otras personas) de cara a compañeros/as de trabajo y he vivido en mis carnes los efectos de ciertas rivalidades y recelos. Por suerte, he encontrado consuelo en aquella frase que dice "Cuando haces algo tienes en contra a todos aquellos que hacen lo mismo, a todos aquellos que hacen lo contrario ya todos aquellos que no hacen nada”. Aunque por cierto he de decir que me encontrado a más personas de las que no hacen nada que de las que hacen lo mismo o lo contrario. Y esto quizá es lo que más les incomoda, la comparación, la pasividad propia frente a las ganas de otras personas. Así que, si algo no te nace, no quieres, no sabes o no te apetece hacer, sin más, deja que lo hagan aquellos a quienes no les importa hacerlo, les nace hacerlo o disfrutan con ello.
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© Daniel Balaguer